Ángel: una muerte inaceptable y un urgente llamado de atención a la justicia ausente
La muerte de Ángel, un nene de apenas cuatro años en Comodoro Rivadavia, no es solo una tragedia familiar, sino que también representa una herida abierta en el sistema judicial y de protección de derechos. Su fallecimiento, ocurrido en el marco de una disputa feroz por su tenencia, pone bajo la lupa la ineficacia de las instituciones para garantizar el interés superior del niño, un principio que, en este caso, parece haber quedado reducido a una expresión retórica.
El caso de Ángel revela lo complejos que pueden resultar este tipo de conflictos familiares cuando la justicia no escucha. La Convención sobre los Derechos del Niño establece que el Estado debe asegurar la protección y el cuidado necesarios para el bienestar del menor. Sin embargo, cuando existe un riesgo inminente o un entorno de violencia y desatención, la justicia debe actuar con rapidez y eficacia.
Las denuncias del padre de Ángel, que sostiene que «lo mataron» y que su hijo fue víctima de maltratos por parte de su madre biológica y de su pareja, revelan una falla crítica de la justicia en el proceso de revinculación. Nadie parece haber escuchado al chico ni supervisado las condiciones en las que vivía. En esta línea, los especialistas sostienen que la justicia de familia y los organismos de protección tienen la responsabilidad de intervenir de manera temprana y eficaz.
Por otro lado, la versión de la madre, que señala al padre como un adicto violento, también requerían de una evaluación que no parece haberse hecho bien.
En concreto, el sistema falló al no identificar o actuar ante las señales de peligro que rodeaban al chico de uno y otro lado. Al parecer no hubo un monitoreo real para asegurar que el bienestar de Ángel sea efectivo.
La marcha convocada en Comodoro Rivadavia no fue solo un pedido de castigo para los responsables directos de su muerte, sino una suerte de grito de auxilio hacia un sistema que no funcionó.
Este caso obliga a una revisión profunda de los protocolos de intervención. El Poder Judicial no puede llegar cuando el daño ya es irreversible.
Pedir justicia por Ángel es también pedir que la justicia funcione para otros casos en los que todavía se está a tiempo de salvar vidas.
